Elías no recordaba haber apagado las luces de la oficina. A veces las noches en la torre parecían devorar la memoria, y aquella no era la excepción. La ciudad titilaba detrás del ventanal en un enjambre de neones, indiferente a las batallas invisibles que se libraban entre esos muros. El vaso de whisky sobre la mesa estaba a medio terminar, el hielo ya disuelto; el olor a licor rancio flotaba como un recordatorio de que era demasiado tarde para dormir… y demasiado temprano para rendirse.
Se dej