Había algo distinto en el aire. No una amenaza concreta, pero tampoco una calma confiable. Una vibración silenciosa que Lena percibió apenas cruzó la puerta del edificio. Todo estaba en su sitio, sí; las sillas alineadas, las pantallas dormidas en su resplandor azul, los mismos pasos monótonos en los pasillos. Pero no era el mismo lugar. Era como si alguien hubiera movido la realidad un milímetro a la izquierda. Lo suficiente para que nada encajara del todo.
Ana no fue a trabajar ese día. Nadie