60. La Puerta
—Esta vez no voy a huir —Kerpes ladeó la cabeza, como si evaluara algo invisible.
—No… —dijo lentamente —Esta vez… vas a elegir.
Y entonces desapareció, no en humo, no en sombras. Simplemente dejó de estar allí.
Karios giró, alarmado.
—¡Zuke!
Demasiado tarde, la oscuridad surgió detrás de ella como una ola viva. Kerpes reapareció, su mano extendida hacia su pecho.
Pero antes de tocarla Zuke reaccionó.
Sus ojos se abrieron por completo.
Ambos ojos son dorados y oscuros. El mundo se detuvo.
Y una