61. Juramento de Manada
La habitación aún conservaba su presencia. Hans lo sintió en cuanto cerró la puerta.
El aire era distinto, quieto, denso. Como si el tiempo se hubiera detenido en el instante en que Zuke dejó de estar allí.
Se apoyó contra la pared durante unos segundos antes de avanzar. Su respiración era pesada, irregular. No por la herida… sino por lo que había visto. Por lo que había sentido, se dejó caer en el borde de la cama.
Ahí, justo donde ella había estado, sus dedos se tensaron, había sangre en su m