66. La Entidad
De pronto, el tiempo pareció congelarse. Las sombras se detuvieron en mitad de un zarpazo. El fuego de Aemin se desvaneció. El aire se volvió denso, difícil de tragar.
Una figura emergió del fondo de la sala, caminando con una parsimonia aterradora. Kerpes. Pero se veía distinto: su presencia era más tenue, menos tiránica. Parecía… humano.
Hans se tensó de inmediato.
—Tú…
—No vine a pelear —dijo Kerpes, con una voz que carecía de su habitual veneno.
—Siempre dicen eso antes de matar —escupió