La atmósfera en el despacho de Esteban era tan pesada que podría cortarse con un cuchillo. Ricardo, sentado frente al escritorio, tamborileaba sus dedos con impaciencia.
—¿A qué vendrá esta reunión? —preguntó Esteban, tratando de aparentar calma—. Dijeron que tenían "excelentes noticias". Quizás Valeria esté embarazada. En el mejor de los casos, sería algo bueno.
Pero una inquietud se arrastraba por su espina dorsal. No había podido localizar a su hija ni a Mauricio en los últimos días. Algo