El sol de Silo bañaba las calles empedradas, creando una tranquilidad engañosa. Elías y Valeria, sumergidos en la burbuja de paz que habían encontrado, decidieron salir a pasear. La revisión de los documentos que Mauricio les había traído no había arrojado nada concluyente, solo un mar de transacciones opacas que requerían más análisis.
Decididos a distraerse, fueron a buscar a Gabriel y Mauricio para almorzar. Al acercarse a la puerta de su suite, un sonido inequívoco los detuvo en seco: un ge