Gloria yacía en la cama, pálida y con los ojos cerrados, cuando el médico terminó de examinarla. Esteban, de pie a los pies de la cama, no sabía qué sentir. Las palabras del doctor resonaban en sus oídos: "La felicito, señor Brévenor. No sabía que esperaba noticias tan felices. La señora está embarazada."
Ricardo, que observaba desde un rincón con los brazos cruzados, al principio mostró escepticismo. Pero luego, una carcajada seca y cínica escapó de sus labios.
—¿En serio, Esteban? —dijo, mene