El aire nocturno de Costa Serena era cálido y llevaba la fragancia salada del mar mezclada con el dulce aroma de las buganvillas. Valeria, sintiendo una ligereza que no experimentaba desde hacía semanas, encontró una botella de vino tinto y dos copas. Con una sonrisa cómplice, guió a Elías a través del patio trasero de la mansión de Gabriel.
Un sendero serpenteante, flanqueado por luces solares que se encendían suavemente a su paso, los condujo a través de un pequeño jardín de palmeras hasta de