Todos los ojos estaban puestos en él. La mirada fría de Valeria, la confusión de Gabriel y el shock palpable de Mauricio. Respiró hondo. Era el momento de soltar el lastre.
—Sí —confirmó Elías, su voz ganando una amargura resignada—. Mi madre conoció a tu padre, Mauricio. Crecieron en el mismo barrio. Fueron amores de adolescencia, intensos como solo se es a esa edad. Pero luego Ricardo se fue a estudiar al extranjero, y en ese lapso, mi madre conoció al mío. —Hizo una pausa, mirando a Mauricio