El sueño había sido un refugio pesado y sin sueños. Cuando Valeria despertó, la primera sensación fue de un cansancio profundo que iba más allá de lo físico, un agotamiento del alma. Se sentó en la cama y supo que ya no estaba al borde del colapso, pero una tristeza densa se había instalado en su pecho.
Al entrar al baño, el espejo le devolvió una imagen que le dolió: ojeras marcadas, piel pálida, una fragilidad que detestaba. Se duchó con agua casi hirviendo, como si pudiera lavar no solo el s