La noche era una losa de silencio sobre los hombros de Elías. No podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía el cuerpo de Valeria desplomándose, el rostro de Gloria retorcido por el odio, la mirada de desprecio de Gabriel y la fría evaluación de Mauricio.
Paseó por la casa como un fantasma en su propio reino. Sus pasos lo llevaron una y otra vez frente a la puerta cerrada de la habitación de huéspedes donde Valeria descansaba. Se detenía, tentado a apoyar la frente en la madera, a susurra