Punto de vista de Catalina
Adrián me condujo al interior del yate, su mano cálida y firme entrelazada con la mía. La cubierta estaba iluminada suavemente, con pequeñas luces centelleando alrededor de las barandillas.
Todo parecía mágico, como si hubiera entrado en un mundo distinto, lejos de las preocupaciones y las preguntas que nos habían rondado durante todo el día.
Me guió hasta una pequeña y acogedora zona de asientos en la parte trasera del yate. Había una mesa preparada con velas y una b