El amor no paga las facturas.
Punto de vista de Adrián.
Me quedé de pie en el umbral de la puerta, mirando a Carlota y a Catalina mientras exponían su caso.
Acababa de dejarlas en su apartamento y pensaba volver a mi hotel, y lo último que esperaba era ser acorralado por mis dos mujeres favoritas, insistiendo en que me quedara con ellas.
—Adrián, no puedes estar pensando en volver a un hotel —dijo Carlota, cruzándose de brazos y mirándome como si fuera un idiota despistado. Y no le faltaba razón.
—Vas a gastar dinero para nada —añadió Catalina, sonriendo con suavidad pero con firmeza—. Quédate con nosotras. No es gran cosa.
Me rasqué la cabeza, sintiéndome un poco incómodo.
—No lo sé, chicas. No quiero imponerme. Quiero decir, es vuestro espacio, y yo…
—¿Imponerte? —interrumpió Carlota, alzando una ceja como si acabara de decir la mayor tontería del mundo—. Adrián, acabamos de pasar dos semanas juntos, apretados en la misma casa en París. Créeme, no te estás imponiendo.
Catalina me lanzó una de esas miradas que de