Lo verás esta noche.
Punto de vista de Catalina
Adrián había estado callado toda la mañana, demasiado callado. Normalmente me llamaba a su despacho o se acercaba a mi escritorio, pero hoy estaba distinto.
Tenía los ojos fijos en la pantalla del ordenador, la expresión indescifrable. No podía quedarme ahí sentada fingiendo que todo estaba bien, así que decidí llevarle un café, con la esperanza de que nos diera una excusa para hablar.
Tomé una taza en la sala de descanso y me dirigí a su oficina. Llamé suavemente y entré; él alzó la vista.
—Pensé que te vendría bien —dije, ofreciéndole el café.
—Gracias, Catalina.
Tomó la taza, pero su sonrisa era débil, casi forzada.
Dudé un instante y luego me senté frente a su escritorio.
—¿Estás bien? Te noto… raro hoy.
Se recostó en la silla y suspiró.
—Estoy bien. Solo cansado.
Lo observé con atención, buscando la verdad en su rostro. Conocía a Adrián lo suficiente como para saber cuándo no estaba siendo sincero.
—¿Tiene que ver con la llamada de tu padre anoche? —pre