Hola, Carlota, soy Adrian.

Punto de vista de Catalina

El día siguiente en la oficina fue tenso. Lo sentí en cuanto Vera y Liliana entraron.

Sus miradas eran como dagas, atravesándome de lado a lado. Me erizaron la piel.

Susurraban entre ellas, con voces bajas y ásperas, pero no lograba distinguir qué decían.

Tenía un informe que entregar a Adrián y, normalmente, habría ido directa a su despacho. Pero esta vez algo me detuvo.

La forma en que Vera y Liliana se estaban comportando me puso nerviosa. Así que, en lugar de ir hacia su oficina, me desvié hacia mi escritorio, fingiendo ordenar unos papeles.

«¿Qué está pasando?», me pregunté, intentando concentrarme en cualquier cosa que no fueran las miradas que me lanzaban.

Adrián había estado extraño desde que regresó de Mauricio: distraído, tenso. Pero nunca me dijo qué le preocupaba, quizá porque no quería inquietarme.

Finalmente, Vera y Liliana salieron de la oficina como una tormenta, dedicándome una mirada larga y cargada. Ya no podía ignorarlo.

Algo iba mal, y n
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