Horas Extra.
Valentina miró el reloj de la computadora por décima vez. Faltaban treinta minutos para terminar su jornada y, con ello, la promesa de una noche tranquila. Afuera, las luces de la ciudad se mezclaban con el reflejo tenue del cielo que anunciaba lluvia. Había pasado todo el día concentrada en informes, revisiones y llamadas, y lo único que deseaba era cambiarse de ropa, tomar aire y despejar la cabeza.
Había acordado en cenar con Lucca.
No lo decía en voz alta, pero en su mente esa palabra se re