Cara a Cara.
La oficina estaba en penumbra.
No era una decisión estética; la tarde se había ido sin ceremonias y las luces automáticas no se habían encendido del todo.
Solo un resplandor tenue provenía de la ciudad, líneas de neón que atravesaban la ventana y se deslizaban por el suelo como cicatrices luminosas.
El espacio parecía más grande así, menos controlado.
Valentina entró sin anunciarse, no golpeó la puerta, no esperó invitación.
Alexander estaba de pie frente al ventanal, con las manos en los bolsi