El tiempo entre el descubrimiento de la noticia y la hora de la conferencia de prensa, eran completamente eternos. Como si el universo se estuviese preparando para la peor de las guerras y, aunque estuviesen preparados, venía con todo y sin ganas de dejar algo a su paso. Las oficinas del hotel Duarte eran un nido de pánico y locura, con empleados tratando de detener la cantidad extensa de llamadas de la prensa y de socios furiosos por los titulares que dañaban la reputación corporativa.
Alejand