18. Magnate Noruego.
El viaje hacia Oslo fue una pesadilla hecha realidad. Lars sostenía la mano de Marina dentro del helicóptero, viendo cómo ella luchaba contra oleadas de dolor que no deberían haber llegado todavía. Marina gritaba, no solo por el dolor físico, sino por el terror de perder a sus hijos antes de tiempo.
—Dios mío... es muy pronto... —sollozaba ella, entre murmuros.
Al aterrizar en la azotea del hospital, el equipo de emergencias ya esperaba. Marina fue trasladada a toda prisa a la sala de partos, pero la situación era crítica.
Dentro de la sala, el ambiente era de máxima tensión. Los monitores pitaban frenéticamente. El problema no era solo la prematuridad, sino la posición de los bebés. El primero de los gemelos, el niño, ya estaba encajado en el canal de parto, pero en una posición transversal que bloqueaba la salida y ponía en riesgo su suministro de oxígeno.
—¡No puedo más! —gritaba Marina, con el rostro empapado en sudor y las venas del cuello marcadas por el esfuerzo—. ¡Lars, ayúdan