Sofía salió del hotel como alma que lleva el diablo. Su cuerpo todavía temblaba por lo que acababa de suceder con Alejandro, y su mente se negaba a dejarla pensar. Había actuado con una profesionalidad impecable ante la señora de la limpieza, pero sabía que había vuelto a cruzar esa línea invisible que había entre ellos.
El sonido de sus tacones resonaba en el asfalto. Necesitaba aire y estar lejos de ese hotel. Lejos de la presencia de Alejandro, quien no había vuelto a salir de su oficina de