8. Magnate Noruego.
El interior de la camioneta se convirtió en una unidad de cuidados intensivos en cuestión de segundos. El cuerpo de Marina, que apenas unos momentos antes emanaba una fuerza feroz, ahora era un peso muerto y gélido en los brazos de Lars. Sus ojos se habían puesto en blanco antes de cerrarse por completo y su respiración era tan errática que Lars tuvo que acercar su oído a su boca para confirmar que seguía con vida.
—¡Marina! ¡Mírame, quédate conmigo! —le gritó Lars, pero ella no respondió. Su p