9. Magnate Noruego.
Habían pasado un día desde que las cosas estaban en calma. Lars se había ido al baño a cambiarse de ropa y asearse, y la familia de Marina estaba subiendo de comer, cuando el silencio que siguió al estruendo de la reanimación fue mucho más aterrador. A pesar de que habían recuperado un pulso errático, la situación dio un giro oscuro y desesperante.
Ninguno se lo esperaba.
—¡La temperatura está subiendo demasiado rápido! —gritó una de las enfermeras—. ¡Doctor, esto parece una reacción inflamatoria en su sistema! ¡Tiene 41 de fiebre y sigue subiendo!
Marina, que hace un momento estaba pálida como la nieve, ahora tenía las mejillas encendidas con un rojo antinatural. Su cuerpo, atrapado en el coma inducido, empezó a convulsionar levemente por el calor interno que la estaba consumiendo.
—¡La estamos perdiendo! —exclamó el médico en ese momento, sudando bajo la mascarilla—. ¡Su corazón no va a aguantar este esfuerzo! ¡Preparen compresas de hielo y administración de antipiréticos intravenos