MILA
No tengo ganas de salir.
Y ella lo sabe. Lo ve en mis gestos ralentizados, en mi forma de evitar su mirada, en esa fatiga que se adhiere a mi piel como una segunda sombra.
— Mila, te va a hacer bien, susurra Léa mientras registra mi armario con esa determinación tranquila de quienes ya han tomado la decisión por ti.
— Léa, no quiero.
— No quieres… o tienes miedo?
Guardo silencio, porque la respuesta está en mi pecho y quema demasiado como para ser formulada en voz alta.
No tengo mied