Iris
El viento glacial del atardecer se infiltra solapadamente bajo mi abrigo, se insinúa entre las fibras de mi bufanda, mordiendo mi piel desnuda con una ferocidad casi cruel. Sin embargo, nada, ni siquiera este frío que me oprime los pulmones, me hace estremecer tanto como su presencia cercana, tangible, casi eléctrica. Rafael está ahí, inmóvil en la sombra movediza, silueta massive vestida de silencio, un rey taciturno en medio de una noche demasiado fría. Sus ojos, dos brasas ardientes, me