Nolan
La pequeña casa de mi madre no ha cambiado. Incluso el seto, recortado a la perfección, parece haber resistido todas las estaciones… y todas las tormentas vecinales. Siempre sospeché que lo hacía a propósito un poco más alto que el de la señora Roche de al lado, solo para molestarla.
Apago el motor y me quedo allí un momento, con las manos en el volante, escuchando el tic-tac del motor que se enfría. El silencio, aquí, no es el mismo que en altitud. Es un silencio que huele a tierra húme