MILA
La canción termina en un fundido de graves, como si el suelo mismo contuviera la respiración.
Permanecemos un instante inmóviles, manos entrelazadas, prisioneros de este silencio relativo, de esta burbuja minúscula que el tumulto no alcanza. Luego Nolan me suelta, lentamente, como se suelta una cuerda que no se quiere dejar ir.
Él señala una mesa medio oculta en la sombra, apartada de la pista. Nos sentamos en silencio. Pide dos copas iguales, como si elegir por mí fuera una obviedad y, cu