Salí del apartamento con el corazón desordenado. Ese beso… tan leve, tan inocente, había sido suficiente para abrir una grieta en el muro que me había construido.
Cerré los ojos dentro del ascensor y todavía podía sentir su aroma, su voz suave diciéndome adiós.
No era el beso de una mujer que recordara el pasado. Era el de alguien que estaba empezando de nuevo, sin saber que ya me había amado antes.
Y, aun así, me hizo temblar.
Me descubrí sonriendo, como un idiota, mientras caminaba hacia el a