No recordaba la última vez que había sentido paz. La galería estaba llena de gente, de colores, de arte que parecía gritarle vida, pero yo… seguía roto. Mis pasos resonaban en el piso de madera del pasillo del hospital cuando llegué a su habitación —habían pasado meses— y al entrar sentí como si todo el ruido interior se apagara de golpe.
Alice. Mi esposa. Mi amor suspendido en el tiempo.
El monitor marcaba su respiración lenta y constante. La luz tenue caía sobre su rostro y por un momento pen