El sonido de la máquina de monitoreo marca un ritmo constante, casi como un recordatorio de que aún sigo aquí, suspendida entre la vida y la posibilidad del adiós. Respiro despacio, más despacio que antes, siento el cuerpo pesado, la cicatriz reciente ardiendo como una costura caliente debajo del estómago. Cada movimiento exige paciencia, cada inhalación es más corta que la anterior, pero aún así sonrío… porque hoy, en algún lugar un piso más abajo, lucha por vivir la niña que llevé dentro dura