El pasillo hacia la Unidad Neonatal es el más largo que he caminado en mi vida. Cada paso pesa como si llevara una cadena en el pecho. Mis manos todavía tiemblan —no sé si por los restos de adrenalina del quirófano, por el miedo, o por la imagen que no puedo sacarme de la mente: Alice agotada, débil, con la voz apenas un susurro cuando me dijo “cuida de ella, Ethan”.Esas palabras se me clavaron como un hierro caliente.
La enfermera abre la puerta, y el olor característico de ese lugar —mezcla d