Querida suegra, eres mi enemiga.
—Es verdad que me convertí en un chiste para ustedes, pero eso cambiará pronto…
La proyección de Dayanara avanzó sobre los cristales rotos, rozando con sus pies el desorden, a la vez que su figura se materializaba y se desvanecía intermitentemente, mientras que Elijah se quedó inmóvil, siguiendo cada movimiento errático de la aparición, como si intentara predecir dónde se consolidaría.
—Haces esa promesa porque retienes a mi hija. ¿Pretendes que ella pueda romper el hechizo de Thalía? —. Dayana