Manipulados como títeres.
—Un pulgoso tan mediocre como tú no podrá acabar conmigo— fanfarroneó Diamantim después de verse a salvo, lejos de esas garras que en un segundo le provocaron más dolor del que nunca había recibido. Draven apareció en medio de todo, con Alaric atrapado como un guiñapo, que no podía moverse si no se lo indicaban. Ese brujo perverso lo convirtió en su marioneta.
—Camina— le decía, y el lobo que antes ambicionaba con la supremacía de los lobos daba pasos involuntariamente, hasta que fue expuesto