Dispuesto a romper mis propias reglas.
La risa sardónica de Alaric retumbó en el calabozo, ya que al ver a Elijah con las manos en los bolsillos y con el mentón en alto, mirándolo con desdén y arrugando la nariz, causó cierta gracia en él.
—¿Qué trae al gran supremo por estos lares? — le preguntó con sorna, mientras observaba a todos lados con gesto burlón. —¿Será que han pasado dos estaciones lunares y este lugar es tan agradable que ni siquiera me he dado cuenta de que el tiempo transcurrió? — agregó malicioso con el fin de provo