El destino es inmodificable.
De pie fuera de su palacio, Elijah esperaba ansioso a los 12 grupos que envió a recorrer la manada en busca de Mateo, ya que no creía que fuera capaz de salir de la barrera por cuenta propia, a pesar de tener un poder inigualable. El supremo observaba con impaciencia a cada grupo que retornaba con las manos vacías. Su rostro reflejaba una mezcla de preocupación y desesperación a medida que cada noticia negativa agitaba su mente inquieta.
—Nada, supremo— le dijeron los líderes de los tres último