77. A la caza del rey herido (Segunda parte)
Narra Lorena.
La noche cae sobre la ciudad como una mortaja sucia, extendiendo su olor a desesperación, a pólvora reciente, a humo de incendio mal apagado. Nosotras salimos del almacén todavía ardiendo, arrastrando mochilas pesadas de municiones y armas improvisadas, con el corazón martillando en el pecho, alimentadas por esa rabia ciega que solo da el hambre de venganza.
—Divídanse —ordeno, mientras mis ojos recorren el horizonte podrido de calles desiertas—. Busquen a Ruiz. No quiero que se a