69. Fantasmas en el retrovisor.
Narra Ruiz.
El motor ruge como un animal herido mientras atravieso la ciudad desangrada.
La noche me cae encima como un mal recuerdo, pesada, inmunda, pegajosa.
Conduzco sin rumbo fijo, o quizás sí: buscándola.
Buscándote, Lorena.
Cada semáforo, cada esquina, cada sombra parece escupirme su nombre.
Y yo sigo, como un perro rabioso, con la mandíbula apretada y el corazón latiendo en una frecuencia que solo los condenados entienden.
Piso el acelerador.
Las calles vacías pasan como cuchil