555. Las monjas y la mentira.
Narra Ruiz
Me despierto otra vez con ese olor mezcla de desinfectante y cera, un aroma que no tiene nada de celestial pero que a ellas les parece puro, y me doy cuenta de que sigo en este convento disfrazado de hospital, rodeado de mujeres que creen que cada latido mío es una prueba de que Dios todavía hace milagros. Yo, milagro. Qué chiste. Si supieran quién soy, se persignarían hasta desgastarse los dedos. Pero claro, no saben nada. Para ellas soy un pobre desgraciado rescatado del río, un ah