554. El ahogado sin nombre.
Narra Ruiz.
Abro los ojos y me quema la luz, una claridad blanca que parece atravesarme como si todavía estuviera en ese limbo entre el río y la nada, pero el latido en el pecho me recuerda que sigo acá, que sigo siendo yo, que ni el agua helada ni la mano de Tomás Villa pudieron con este corazón terco que se niega a rendirse, y me sorprende pensar que lo primero que siento es el olor a desinfectante mezclado con cera derretida, como si la muerte en lugar de abrirme las puertas del infierno me