556. El cuidado y la joven monja.
Narra Ruiz.
La primera vez que la veo entrar pienso que alguien en este convento-hospital tuvo la amabilidad de regalarme un pequeño lujo, un recordatorio de que sigo vivo y que todavía me queda humor para disfrutar de la ironía. Tendrá veinticinco, quizá menos, la piel clara que se ruboriza con una facilidad infantil y un rostro dulce, de esos que parecen hechos para sonreír aunque ella se esfuerce en poner cara de disciplina. Y claro, ese uniforme de monja disfrazada de enfermera, que en otro