538. El mar en sus ojos.
Narra Dulce.
El pasillo parece no terminar nunca, cada paso que doy junto a Tomás me hunde más en la certeza de que no hay marcha atrás, de que cualquier intento de escapar es inútil, y aun así, cuando abre la puerta al final del corredor y la luz me envuelve, me sorprendo, porque lo que encuentro no es la oscuridad que esperaba, sino una habitación inmensa, deslumbrante, más grande y lujosa que cualquier suite de hotel que haya imaginado. El aire es distinto, más limpio, perfumado con notas de