537. Jardines envenenados.
Narra Dulce.
Nunca pensé que el corazón pudiera latir tan rápido y al mismo tiempo sentirse tan pesado, como si el mismo aire que respiro se hubiera vuelto un peso que me hunde. Al principio creí que el brillo de sus ojos era devoción, que cada caricia suya era un signo de amor disfrazado de misterio, pero ahora, mientras observo cómo la sombra de Tomás se alarga en el salón con la luz temblorosa de los candelabros, me doy cuenta de que hay algo más, algo que no había querido ver. Esa sonrisa q