533. El encuentro con Tomás.
Estoy sentado en el sillón de cuero, ese que siempre elijo porque su peso y su firmeza me recuerdan lo que soy, porque en él mi cuerpo descansa como si estuviera hecho para sostenerme, y espero a Dulce con la paciencia de quien sabe que todo ha sido preparado para este momento, que no hay azar ni improvisación, solo la exactitud de lo que debía ocurrir, como si la mansión misma hubiera conspirado para traerla aquí, a este salón donde las paredes son testigos de secretos que nadie se atreve a pr