534. El eco de las damas en los cuadros.
La tengo entre mis brazos, y en ese instante todo parece suspendido, como si el tiempo hubiera aceptado detenerse solo para contemplar el contacto de su piel contra la mía, la tibieza de su respiración agitada que se mezcla con la mía, y el temblor de sus labios aún húmedos del último beso. Sin embargo, noto en sus ojos que no está completamente conmigo, que algo más la distrae, un murmullo silencioso que no proviene de mí ni de ella, sino de las paredes que nos rodean.
Sigo la dirección de su