498. El recuerdo en la sangre.
Narra Dulce.
Todo pasa tan deprisa que apenas si mi cuerpo alcanza a reaccionar, como si estuviera atrapada en una especie de sueño denso del que no puedo despertar. Tomás se interpone entre los hombres que irrumpen y yo, con el torso desnudo todavía cubierto de sudor, con ese gesto de fiereza que me atraviesa, y sin pensarlo, sin siquiera dudar, alza el arma como si formara parte natural de su mano. Sus ojos, tan negros y serenos, se clavan en los míos, y entonces lo escucho, lo escucho con es