496. El prisionero del firmamento.
Narra Tomás.
Hay noches en que no duermo, noches en que prefiero contemplar el resplandor del monitor, como si en esa luz blanca y fría pudiera contener el universo entero. Frente a mí aparece Ruiz, siempre en el mismo rincón de esa habitación que lo sepulta, mirando hacia el cielo a través de la ventana estrecha, con esa obstinación suya de hombre que no se resigna ni al encierro ni al tiempo. No hace nada más que sentarse en silencio, con los codos apoyados en las rodillas y la vista fija en