437. Bajo mi piel.
Narra Dulce.
La cabaña está en medio de la nada. Ni árboles, ni caminos, ni nombres. Solo viento, un techo viejo, y el olor a madera quemada de la estufa que Bruno logra encender con manos aún manchadas de sangre seca. Entro detrás de él sin hablar, sin preguntar. Tengo los dedos entumecidos por el frío y por lo que hice. O por lo que me obligaron a hacer. No sé.
No me tiembla el cuerpo. Eso es lo raro. Ni siquiera lloro. Solo me muevo. Camino. Respiro. Me siento viva… pero no del todo. Como si