436. Trampa de sangre.
Narra Bruno.
El aire en el galpón es denso como un sudor viejo. Huele a metal, a miedo, a pólvora que todavía no fue disparada. Los Dragomir son puntuales como una ejecución: entran con pasos firmes, elegantes, como si no fueran traficantes de muerte sino aristócratas del crimen. Hay algo en su forma de mirar que me recuerda a los buitres. Ellos ya comieron antes, y si están acá, es porque planean devorar algo más grande.
Dulce camina a mi lado, pero no es Dulce. Es otra. Una versión maquillad