438. Una última noche.
Narra Dulce.
La cabaña huele a madera vieja y a humo de leña que se filtra desde el hogar de piedra. Afuera, el viento mueve los árboles con lentitud, como si incluso el bosque hubiese decidido darnos un respiro. Han pasado días desde que corrimos empapados en sangre, desde que vi mi reflejo manchado y supe que ya no iba a ser la misma. Bruno se movió rápido, escondiéndonos en esta casa de techo bajo y ventanas pequeñas, alejada de todo, como si el mundo fuera algo de lo que debiéramos escapar,