418. Nunca dije que no sabía morder.
Narra Dulce.
El infierno no siempre huele a azufre. A veces tiene perfume barato, paredes con humedad y manos sucias que no saben lo que es pedir permiso.
No sé por qué volví.
No sé si fue el alcohol o la bronca, o esa sensación constante de querer romperme a mí misma antes de que lo haga alguien más.
Pero volví.
Subí las escaleras tambaleando, con las medias bajadas, el rimel corrido y una parte de mí gritando que me fuera.
Que corriera a los brazos de Sami. Que llorara. Que pidiera ayuda.
Per